viernes, 12 de mayo de 2017

The Rolling Stones - Exile On Main St. (1972)

Calificación:
En el mundo del Rock, como en la vida, la fama y la popularidad no son sinónimos de felicidad y buena vida. Una situación así vivían los Rolling Stones a principios de la década de los 70s. El poder que los Stones tenían en el Rock, y el respeto que estos mismos generaban allí donde iban,  los convertían en unos de los reyes de la música de la época. Tras años lanzando singles y álbumes que se vendían como churros, "Sticky Fingers" terminó de suponer un agigantamiento aún mayor de su legado. No obstante, la banda comenzaba a temer por su situación económica, por culpa de Allen Klein, quien adquirió el catálogo de la banda, anteriormente pertenecientes a Decca, así como por culpa del fisco británico (impuestos) que perseguían a la banda. Todo esto estaba acercando a los británicos a la bancarrota (una auténtica paradoja).   

Ante tanto riesgo, la banda decide exiliarse en Francia, debido a sus leyes fiscales más flexible. Era el momento de aislarse del mundo y tratar de grabar algo nuevo sin que la presión influyera en sus vidas. Para su mala suerte, los estudios franceses no cubrían las necesidades y expectativas de los Stones. Deciden alojarse en una mansión que recientemente Keith Richards había comprado al Sur de Francia, lugar donde terminarían colocando su estudio móvil, posteriormente utilizado por Deep Purple o Led Zeppelin, para comenzar a grabar cada noche el que sería su décimo álbum de estudio.

El sótano, que, según Richards, fue usado durante la II Guerra Mundial por la Gestapo durante la ocupación alemana,  fue el lugar elegido para grabar el nuevo material. Problemas como los cortes de luz, más habituales de lo normal, o la excesiva humedad, que terminaba desafinando las guitarras continuamente, dificultaron mucho la labor de composición y grabación del disco. A estos hay que sumarle la creciente adicción a la heroína por parte de Keith, lo que había convertido la mansión en un lugar de visita para camellos y muchos personajes extraños.

Tras lidiar con todos los impedimentos que dificultaban cualquier intento de crear algo nuevo, la anda terminó creando uno de sus discos más importantes y ambiciosos, además de uno de mis preferidos de los Rolling Stones, lo confieso.

Este disco doble, formato novedoso para la banda, contiene 18 temas que mezclan todo tipo de influencias de las que bebió la banda en sus orígenes (Rock And Roll, Blues, Soul, Folk, Country,...) y que, en un primer momento, fue destruido por la  crítica, aunque pueda parecer mentira. Afortunadamente, ahora el álbum es una de las grandes obras del Rock, considerado por la mayoría de rockeros clásicos, de escucha obligatoria para entender mejor lo que fueron los Rolling y la importancia que tuvieron en el género.

Un consejo desde la experiencia personal antes de escuchar "Exile On Main St."

No estamos ante el "típico" disco de los Rolling Stones. Nada grabado anterior, o posteriormente, a este LP suena igual. Los británicos habían acostumbrado a sus fans a rockear con optimismo y rebeldía a los fans, pero nunca habían mostrado su cara más oscura. Este factor se acrecienta mucho más con la producción del álbum, más sucia y cavernaria de lo normal.

La cifra de 18 temas, muchos de los cuales no tienen un sonido tan accesible desde la primera escucha,  no es un factor que ayude a digerir con facilidad el manjar que vamos a disfrutar. Por ello, recomiendo escuchar el disco con paciencia, porque muy probablemente a la primera reproducción no valores, amigo lector/a, la calidad que realmente atesora uno de los discos más grandes de los Rolling y del Rock en general.

Dicho esto empezamos a escuchar el disco:

Comenzamos con muy bien gracias a "Rocks Off", corte que nos introduce al disco de una manera elegante y desafiante. Me gusta que los álbumes, especialmente de larga duración, tengan una apertura sobresaliente porque así es más fácil de enganchar a los oyentes más críticos. Rock macarra con un enorme estribillo y una buena dosis añadida de trompetas y teclados que bordan la canción.

Pero si el inicio había sido bueno, “Rip This Joint” termina de poner todas las cartas sobre la mesa, con una auténtica master class de cómo hacer rockabilly veloz y sin tapujos. Realmente creo que es una de las canciones más aceleradas jamás paridas por la banda. El saxofón juega un papel principal en la canción, animando aún más la fiesta que esta canción garantiza. Temazo!

Muy a lo ZZ Top llega “Shake Your Hips”, cover de Slim Harpo. Rock con aires sureños que incita a bailar y a descargar toda la energía acumulada como si no hubiera un mañana. Me enamora la voz de Jagger, que hace el tema suyo, regalándonos una breve demostración de por qué es uno de los símbolos más representativos del Rock. 

“Casino Boogie” es como un amigo fiel. Puede que haya temporadas donde no la escuches mucho, pero cuando tienes la oportunidad de hacerlo, siempre disfrutas y te quedas con un gran sabor de boca. Buen Rock de la vieja escuela en el que brilla la base instrumental impuesta por la banda.

Turno del gran clásico del disco, “Tumbling Dice”, uno de los himnos más representativos de la banda de la lengua más famosa de la historia. Precioso corte en el que brillan las melodías, los arreglos y la imponente presencia de los coros en cada puente y estribillo. Imprescindible canción para todo fan de Jagger y compañía.

La elegancia regresa con “Sweet Virginia”, temazo que bebe de numerosas influencias (Blues, Country,Folk y Rock) y que podríamos incluir entre las mejores pistas de todo el disco. Recomiendo escuchar la canción con una birra en la mano mientras se entona el estribillo (la sensación es maravillosa). Himno.

En el séptimo puesto del Tracklist se ubica “Torn And Frayed”, una canción suave, evocadora de paisajes lejanos y llenos de fantasía que solo los Stones podían crear con tanta facilidad. Resalto aquí la importancia del piano, que suena con mucha presencia, y el solo de guitarra, breve pero espectacular.

Los Stones deben gran parte de su sonido a la música negra, una influencia más que notable en "sus satánicas majestades", quienes no dudaron en devolver el favor escribiendo “Sweet Black Angel”, que es una reivindicación del poder de la raza negra frente al creciente racismo que en aquellos tiempos existía ("ella es un dulce ángel negro, no una dulce esclava negra"). Instrumentalmente no está mal, tampoco es una joya, pero esa letra sí es merecedora de ovación.

Volvemos a disfrutar de la magia de los Stones con “Loving Cup”, corte ideal para los amantes del piano. Y es que Nicky Hopkins lo borda con las teclas, construyendo un puente sobre el que camina con mucha sencilla y elegancia Mick Jagger. Se me ponen los pelos de punta, no puedo evitarlo, con la entrada del estribillo a partir de unos enormes baquetazos de Watts. Temazo que tiene el sello de los británicos.

No puedo ocultar que soy un gran admirador de Keith Richards, un icono de la rebeldía y del vivir la vida como te da la gana sin hacer lo que se ha establecido como "políticamente correcto". Como guitarrista, sin ser un virtuosísimo, fue capaz de transformar el Rock clásico de los años 50s en algo más rabioso y enérgico, lo que a día de hoy sigue demostrando. En "Happy", nuestro amigo Keith termina de desmelenarse y se pide el micrófono para, además de enamorarnos con la sencillez de sus Riffs, volvernos locos con su voz . Todo un clásico de los Stones en aquellos tiempos.

Vuelven las influencias del mejor Blues-Rock con “Turd On The Run”, muy en la onda de "Rip This Point", con gran presencia de los coros y de un aire Folk, logrado principalmente gracia a la armónica y a la percusión, que inunda cada instante de la canción.

Seguimos nutriéndonos de temazos (¿cuántos van ya?) con “Ventilator Blues”, único tema acreditado a Mick Taylor, quien, indudablemente, creó una obra maestra de poco más de tres minutos, con una estructura bluesy finalizada con un estribillo in crescendo que se puede codear con los de los grandes hits de los Rolling. Enorme la combinación de solos de guitarra y piano mientras Jagger repite hasta el final eso de "What You Gonna Do About It". BRILLANTE.

El momento más extraño y experimental del disco es  “I Just Wanna See His Face”, una creación valiente, diferente y no apta para todo tipo de oídos. Un distorsionado tema que mezcla matices de Blues y Rock con algo de Soul. No puedo dejar de escucharla cuando pongo el álbum.

¿Querías una balada? Pues se abre paso “Let It Loose”, una demostración de la belleza que estos jóvenes macarras eran capaces de componer con una facilidad abrumadora. Los detalles del órgano la hacen más solemne, mientras que la emotividad va en un progresivo aumento gracias a la suma de instrumentos y voces que poco a poco se van añadiendo a la canción. Fácilmente podría ser la mejor interpretación que se recuerde de Jagger, así como una de las canciones más grandes de todo el álbum.

De la calma volvemos a sufrir una ración de Rock clásico y animado, como es la juguetona “All Down The Line”, una canción sencilla, sin grandes innovaciones, que rápidamente se convirtió en una de las más queridas por los fans. Es, además, de las pocas composiciones del álbum que fueron posteriormente tocadas en vivo.

Que Robert Johnson fue una influencia clara para los Rolling es un secreto a voces. Como prueba está “Stop Breaking Down”, una canción original del "morenito", a la que los británicos rinden un tributo sensacional. Cuando los Stones hacían Blues eran garantía de bordarlo.

El penúltimo corte también es uno de los mejores de toda la discografía "stoniana". La bellísima “Shine A Light” es una canción celestial, cargada de emotividad y buen feeling, con claros guiños a la música góspel a la que tanto deben. Perfecta es el adjetivo que mejor encaja con esta canción.

Tal vez el cierre del disco hubiera sido épico si Richars y compañía hubieran elegido "Shine A Light" para bajar el telón, pero "Soul Survivor" cumple su función y cierra el álbum con un buen Rock and Roll de coros omnipresentes. Se terminó...¿tan pronto?

Pese a que la crítica fue despiadada en un principio, "Exile On Main Street" fácilmente puede ser el gran disco de los Rolling Stones, por encima incluso de "Let It Bleed", "Beggars Banquet" o el "Sticky Fingers" (¡CASI NADA!), aunque esto es algo muy subjetivo y cada uno tiene sus preferencias. De lo que todo rockero clásico está seguro es que este disco es uno de los más grandes del género, un material único y muy difícil de superar en el que unos contrariados Stones vivían en la encrucijada de la fama y del precio que por ella había que pagar.
Nada más salir, el disco llegó, para desgracia de algún crítico, al número 1 en las listas de venta oficiales en  los Estados Unidos y sonó en todas las estaciones de radio con gran constancia durante los primeros meses para promocionar una de las giras más famosas de los Stones que pronto iba a iniciarse por toda América, el Stones Touring Party, del que se han registrado varias películas, libros y conciertos.


Cuando uno escucha y reseña algo así lo único que puede hacer es aplaudir y dar gracias a los Stones por haber escrito una de las páginas principales del gran libro del Rock And Roll. 


1 comentario:

  1. de los mejores discos de sus Majestades, nunca me canso de escucharlo

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